Venezuela

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8.11.10

EL FRAILEJON DE LOS ANDES VENEZOLANOS.

Hacia la época de lluvia comienzan a crecer las nuevas espigas del año de los frailejones del páramo venezolano, para florecer cerca de setiembre al final del invierno y adornar el páramo de oro puro con millones de flores durante todo el mes de octubre. Hasta diciembre, aunque en menor cuantía, se ven muchas inflorescencias todavía radiantes. 
El frailejón es una planta de la familia de las compositae, en la que también se incluyen plantas como las margaritas, el girasol y el tabacote morado del páramo. Se conocen unas 45 especies en los páramos de Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela.
Esta planta se encuentra distribuida (aproximadamente) entre los 2000 y los 4300 m.s.n.m. Alimentándose del agua de los deshielos y cobijado por las nieblas de las sierra nevadas de Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador.

La especie más común en el páramo venezolano es el Frailejón de Octubre (Espeletia schultzii). Hacia la sierra de la Culata, en el páramo de Piedras Blancas, hay otra especie muy interesante, debido a que alcanza más de dos metros de altura, esta es la Espeletia moritziana.

El término Scultzii proviene del apellido Schultz, perteneciente al ilustre botánico a quien la ciencia rinde homenaje dedicándole la más común de las plantas del páramo andino.

Otras fuetes afirman que la denominación científica de Espeletia fue difundida por Alejandro Von Humboldt y Aimé Bompland en la obra Plantas Equinoxiales en 1808, en honor al Virrey de Nueva Granada Don José de Espeleta.
Las flores del frailejón Espeletia schultzii son muy parecidas a las de las margaritas; y la disposición radiante típica de sus pétalos es característica de la familia.


El frailejón de octubre es una planta de un solo tronco que se desarrolla sin ramificaciones. Si se secciona el tronco, se observa que en buena parte es hueco y en su interior vive una rica diversidad de invertebrados. Si se hace un corte trasversal a una hoja, podemos ver que su estructura es laminar y delgada, pero protegida del frío por una gruesa capa aislante de vellosidades.
Las flores de frailejón son polinizadas por insectos como mariposa y abejas, pero también son visitadas por colibríes buscando su néctar. 

Una plántula de dos centímetros de diámetro ya comienza a crecer para adornar el páramo en un futuro no muy lejano.


Los habitantes de las altas montañas han atribuido poderes medicinales al frailejón, su resina se usa como ungüento y el té o cataplasma preparado con las hojas combate el asma y afecciones pulmonares.



Son las poblaciones vegetales más sobresalientes en los páramos de Venezuela, Colombia y el norte de Ecuador, aunque no las únicas pero sí se destacan por las majestuosas adaptaciones que han ido adquiriendo con el tiempo. Al vivir en condiciones climáticas bastante extremas, de cambios diurnos constantes y bajas temperaturas en las noches, sus hojas se han cubierto de una capa de vellosidades que las aísla del viento y así del exceso de evapotranspiración lo cual se convertiría en un problema ya que a pesar de que los páramos son las fuentes primeras del recurso hídrico, el congelamiento que sufre el agua por las bajas temperaturas hace difícil la absorción por parte de las plantas. Asimismo estos “frailes de las montañas” cuidan sus tejidos internos y el agua que allí se almacena con una “ruana” o “terno” permanente formada por las hojas que poco a poco se van secando y permanecen en el tallo (hojas marcescentes). No todas las mantienen, pero sí la mayoría y esto generalmente aparece en las plantas que habitan a mayores alturas.

Sus semillas son dispersadas por el viento, pero debido a que carecen de alas o pelos que faciliten su movimiento el proceso de colonización de las poblaciones ha sido lento y se debe mover a través de extensiones intactas de páramo.